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REPRESENTACIÓN TEATRAL DE RICARDO FRAZER La Generación del 27 |
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Ana Isabel del Val Benítez. 1º de BACHILLERATO A |
“Era su largo y ondulante cuello que caía. Así aprendí que los cisnes no cantan cuando mueren”
Así termina “ Mi primer poema” de Pablo Neruda, recuerdo que, en cierta ocasión, le pregunté a Frazer que qué era lo que más le llamaba la atención de Neruda, por qué le gustaba tanto (ya que yo soy fanática de Neruda), él me dijo que le gustaba todo, pero en especial su sensibilidad a la hora de describir objetos, la sutileza con que escribe (y me hizo alusión a sus “Odas elementales”) “ ¿Cómo era posible (me dijo) que para describir una cebolla, por ejemplo, se fijara en lo más ínfimo de ésta? ”
Lo cierto es que, al interpretar este poema del cisne, yo no vi en ningún momento a Frazer por el escenario, lo estuve buscando, pero nada; eso sí, vi a Neruda hablando de su historia con el cisne y me fijé en que era cierto… la sutileza con que escribe, y en este caso, con que interpreta, fue exquisito.
Después del poema del cisne, creí que saldría Frazer al escenario, pero tampoco; esta vez nos sorprendió Miguel Hernández con su Elegía a Ramón Sijé. Después de aquel emotivo grito: “¡Compañero del alma, compañero!”, todo se estremeció, silencio total y lágrimas cruzando el silencio, sí, era cierto, Ramón Sijé había muerto…
Como la calma después de la tempestad, apareció León Felipe hablando de su vida, se le veía viejo, “he aprendido a llorar por mi cuenta…” decía.
Conforme avanzaban las palabras por su vida, le iba llegando cada vez más la vejez, “y ahora… de repente, a los 80 años…” siguió diciendo.
Y terminó “Sólo el Virtuoso puede ver un día la cara de Dios”… y todo se interrumpe…
Hay que añadir a la obra las sucesivas visitas de Dalí y el Surrealismo, así como la “¡Talabartera, talabartera!” de Lorca, de su obra “La zapatera prodigiosa”, la cual nos contó su historia.
Parece irónico, aunque así es, que asistamos a una obra de Frazer y nos encontremos a Neruda, Miguel Hernández, León Felipe, Dalí y Lorca… ¿Increíble, no? La verdad es que en cada uno de nosotros la palabra “Frazer” ha adquirido ya un significado interior conforme a las sensaciones que nos causa el hecho de poder disfrutar, año tras año, de sus obras.
Sólo hay que observar cómo salimos después de una obra suya: boquiabiertos, atónitos, con los vellos de punta, llorando…Llámenlo como quieran, yo lo llamo poesía…